El Hombre Verde

El Hombre Verde
Tan naturales como nuestro entorno

Nov'07 Granada. Lo mejor: la familia de Noe, lo peor: mejor leed...

Hola, lectores. Os cuento mi última aventurilla (si es que puedo llamarla así). Estos días he estado en la bella Granada. El jueves 8 de noviembre, víspera de la Almudena (festivo en Madrid), mi marido y yo nos pegamos un paseíllo hasta el sur junto con unos amigos.

La idea se le ocurrió a Noelia. Ella es de un pueblo granadino llamado Atarfe, a pocos kilómetros de la capital y, puesto que se llevaba a su novio a "presentarlo en sociedad", nos decidimos a acompañarla. Los viajeros fuimos Noelia y David (su novio al que llaman "el guapo"), Margui (la compi), Edu ("el chiquitín"), Davey (mi marido, también conocido como "el simpático") y yo, o sea: dos parejitas y dos independientes.

Como no encontramos una residencia económicamente asequible, ya que lo decidimos con poco tiempo, acabamos alojándonos todos en casa de la familia de Noe, lo cual supuso para nosotros una agradabilísima experiencia. En esa casa nos sentimos, al menos mi marido y yo, como en la nuestra propia, ya que todos sus habitantes nos trataron como si nos conociesen y apreciasen de toda la vida. Ahora os presentaré a la familia de Noe:

Mamá Victoria: chiquita y regordeta, con un buen humor envidiable (algo común a todos los de su casa), cocina como los ángeles, cariñosa y muy sociable nos trató como a hijos suyos y, sobre todo, nos sobrealimentó con lo mejor de lo mejor.

Papá Manuel: simpático e independiente, un hombre muy práctico que adora a su hija y se le nota. Fue muy divertido el último día, porque por la mañana se despidió de nosotros deseándonos "buen viaje" y sin embargo nos lo estuvimos encontrando todo el tiempo en todas partes, así que nos pudo obsequiar "muchas veces" con sus mejores deseos para nuestra travesía de vuelta a casa.

Vicky: es la hermana mayor. Una de las personas más divertidas del mundo. Nos la llevamos de marcha la noche del viernes y las dos acabamos descalzas y con los tacones encima de un amplificador. Espero que pueda agarrar unos días y venirse a vernos a Madrid...

María: la hija de Vicky. Tiene tres añitos y una media lengua que es para comérsela. Muy juguetona, hizo muy buenas migas con su "tío político" y también con los demás... casi me la traigo para casa.

Silvia: la segunda hermana de Noe. Está casada con Paco, con el que apenas hablé, y es la mamá de Francisco y de Silvia. Al igual que su madre y sus hermanas tiene una "vena cachonda" con la que te partes de risa. Por cierto, hace un rosco de bizcocho que está para chuparse los dedos.

Las experiencias de este viaje únicamente se pueden definir como "aceleradas". A eso de las cinco de la tarde del jueves salimos todos desde la Universidad Autónoma de Madrid, en el coche de Noe, David y Edu, y en el de Margui, Davey y yo. No hubo ningún tipo de incidencia a destacar, pero cuando por fin llegamos, a eso de las nueve y media, yo ya estaba hasta los mismísimos de coche...

Cuando llegamos a casa de Noe su familia ya estaba esperándonos con una estupenda barbacoa. Comimos como si no hubiésemos comido en años y, cuando terminamos, apenas cabíamos en nuestros propios pantalones. Fue genial comer en un lugar desconocido y sentirte como si pertenecieses a él de toda la vida. Después nos fuimos a un bar-pub llamado Coca (antes "El Zorro"), un sitio en el que lo mismo te tomas una tapa a las tres de la tarde que un pelotazo a las tres de la mañana. Nos tomamos una copichuela y luego a dormir como benditos.

Mi chico y yo dormimos en la cama de Noe, entre sus peluches y sus cosas, con unas maravillosas sábanas de franela con tacto aterciopelado que me parecieron fantásticas y que, cuando vuelva a Granada, voy a buscar para añadirlas a mi ajuar de casada.

El viernes por la mañana nos tocó mercadillo en Atarfe. ¡Por fin encontré unos vaqueros que me sirvieran y además me gustaran! Claro que el que más compró fue Davey... Somos una pareja al revés, él es el adicto a las compras y al fashion más de moda. Bueno, un ratillo de "marujeo mercadil" y luego a Albolote a tomarnos unas tapas.

¡Qué flipe de tapas! La historia es que por cada cosa que te tomes (da igual que sea una copa, una caña o un agua), por sólo un euro más te tomas una tapa, pero una "señora tapa". Por ejemplo: yo me tomé tres aguas, junto a las cuales me comí: un flamenquín, una hamburguesa (en su pan y con su tomate y su lechuga) y un sandwich mixto. Todo por seis euros.

Por la tarde teníamos entradas para la Ahambra. De cinco a cinco y media podíamos visitar los palacios nazaríes y llegamos a las puertas de los jardines a eso de las cuatro y cuarto. ¡Qué faena! Resulta que todo el recinto cerraba a las seis de la tarde, así que tuvimos que verlo todo a ritmo de "¡Coliseo...!" o sea, a toda leche. Menos mal que Davey y yo ya conocíamos la Alhambra, porque si tuviésemos que juzgarla por la visita de ese día...

Tras el acelerado maratón por la "octava maravilla del mundo" Noe nos sugirió que fuésemos a una heladería que ella conocía en la que hacían "unos helados y unos chocolates que te cagas de buenos". Nos apuntamos a la idea, pero el sitio resultó estar cerrado. Nos dimos unos paseítos por la zona, muertecitos de frío que íbamos y, cuando ya creí que se me iban a convertir los mocos en estalactitas, descubrimos una pastelería-cafetería en la que nos metimos. El lugar estaba atendido por una sola persona, no demasiado profesional ella, lo que acabó con un cabreo monumental por parte de Margui, que tuvo que soportar cómo la señora se olvidaba de prepararle su chocolate mientras se entretenía en cotillear con otra clienta. El ¿es que os falta algo? de la dependienta fue la gota que colmó el vaso, así que Margui, que es de las de armas tomar, decidió (y así lo hizo notar en voz bien alta) que ya se le habían pasado las ganas del chocolate. A mi entender "ella se lo perdió".

Después nos volvimos a casa de Noe, en donde Victoria nos estaba esperando con una fantástica carne estofada con patatas fritas y unas manitas de cerdo guisadas. La mayoría nos quedamos con la carne pero Edu, que con eso de "Chiquitín" no se refieren precisamente a su estómago, no tuvo ningún inconveniente en "darle a todo", para mayor gusto y placer de la señora de la casa.

A partir de ahí todo se perdió en esperar. Mis años hacen que no entienda muy bien eso de que haya que arreglarse durante dos horas y media (como quien restaura un cuadro del XVI) para no salir de casa hasta casi la una de la mañana. El caso es que yo estuve lista enseguida, al igual que los chicos y que Vicky (que para mi alegría se apuntó también a la salida), pero tanto Noe como Margui tardan unos cuantos miles de años en decidir qué ropa se ponen, qué zapatos, qué bolso... luego tres horas para pintarse ¡pero si las dos son preciosas al natural! No quiero ni pensar lo que podrán tardar cuando tengan mi edad y sus rostros necesiten dos o tres capas de pintura para lucir perfectos... En fin, que a las dos mil y quinientas salimos por fin de casa.

Estuvimos en una discoteca que se llama "Mae West" y que es absolutamente impresionante. Es enorme, con varias pistas, da la impresión de un teatro, con sus palcos privados y todo, con distintos ambientes y varios tipos de música. El interior es todo de madera (lo dicho, como los teatros antiguos) y está decorado con carteles y recordatorios de actores, actrices y películas antiguas. Tenía cierta similitud con los pub irlandeses bien puestos, como el Irish Rover de Madrid, pero mucho más a lo grande. Lo cierto es que me encantó.

Bailamos y brincamos hasta las tres y media de la mañana. Noelia estaba imponente con unos mini shorts que se había comprado en el mercadillo, y como tiene unas piernas como las de Brigitte Nielsen, se convirtió en una antorcha llamativa para todo varón (y alguna mujer) que andaba por la zona... menos mal que tenía allí a su David que no le quitaba ojo (ni mano, ni boca, ni ná de ná), porque si no nos la secuestran...

La Margui también estaba que se salía. Es chiquita y morena, con un aire entre infantil y oriental que acentuó con la ropa que llevaba, entre la que destacaba la blusa roja. La blusa le hacía un super escote al que yo bauticé como "piscina", dado que todos los hombres que andaban por allí se volvieron, repentinamente, "piscineros", pues a todos se les veía la intención de juntar las manos y tirarse allí de cabeza. Afortunadamente todo se les quedó en deseos, y no hubo que lamentar ningún tipo de incidente desagradable. Lo malo es que Margui, que está haciendo grandes esfuerzos para dejar de fumar, acompañado ello a que está arrastrando una serie de crisis personales, hicieron que, según sus propias palabras, "se rayase", por lo que a eso de las tres se le acabó el ímpetu juerguista que la caracteriza y se amustió, con lo que todos recogimos, Vicky y yo nos volvimos a calzar los tacones (hasta entonces encima de un bafle) y de vuelta a casita.
A la mañana siguiente Davey y yo volvimos a madrugar y, junto con Victoria, Manuel y María nos convertimos en los únicos habitantes despiertos de la casa.

Al rato conseguimos que las dos mozas se levantasen y nos fuimos las tres mujeres y la niña al mercadillo de Albolote, dejando a Davey con su libro de Dune para que se fuese a tomar una cañita por ahí mientras los otros chicos no se levantaban.

En el mercado bien, como en cualquier otro mercado. Pasamos un ratito agradable y cuando volvimos nos encontramos con la casa vacía. Lo que había pasado es que David y Edu se habían levantado y, al no ver a nadie, se habían ido a desayunar por ahí. Finalmente llamamos a Davey y le dijimos que nos esperase en el Zorro mientras íbamos a buscar a los otros dos chicos. Cuando llegamos a por "el guapo y el chiquitín" se estaban terminando el desayuno y a poco hacemos que se les atragante por la prisa en volver a juntarnos todos.
Una vez todos juntos Noelia y David plantearon la posibilidad de que esa noche, en lugar de ir a una macrodiscotequa, nos fuésemos a una bolera y a tomar unas copichuelas por ahí, pero el plan se fue a la porra porque a Margui "no le gustan las boleras", en realidad "las odia", así que decidieron que lo mejor sería irnos a un lugar llamado "Granada 10" que es una discoteca de esas en las que te revisan de arriba abajo antes de dejarte entrar. En ese momento decidí que yo me iba a quedar en casita haciendo "nada".

Volvimos a casa y, como yo estaba hecha polvo (me pesan tanto los años como los quilos), después de comer me eché una siestecita que, en principio, iba a durar unos veinte minutos, ya que habíamos decidido que a una hora temprana tiraríamos para Granada a visitar las teterías y disfrutar de un buen té y una sisha. Pero el caso es que hasta las seis de la tarde no me llamaron, porque habían estado entretenidos viendo las fotos de Halloween de una amiga de Noe que apareció por allí. Siento no haber podido disfrutar de esas fotos, con todo lo que a mí me gusta lo de los disfraces y eventos por el estilo... La cuestión es que volvimos a salir a las mil y cuando llegamos a la zona de las teterías todo estaba "hasta la bola", con lo que tardamos un buen rato en encontrar un lugar donde sentarnos, aunque luego la cosa estuvo muy bien y nos lo pasamos como los indios... perdón... como los moros...

De allí nos fuimos a tapear a otro sitio, por recomendación de David que ya se conocía algo de la zona. Otra vez caña con tapa por un euro más, absolutamente fantástico y delicioso...
A la noche yo me quedé con Victoria y Vicky viendo una peli de "tíos buenos engrasados" mientras Davey, Noe y David se iban a parrandear un rato al Zorro y Margui se marchaba a una discoteca llamada "El Embrujo" con un tal Rubén que era vecino de Noe. Los tres primeros vinieron tardecito, pero la última apareció a las ocho de la mañana y además tuvo que pasar el sofocón de sacar a Noelia de la cama porque esta última, que es un dechado de despiste total, se había dejado unas llaves puestas por dentro de la puerta, así que Margui no podía utilizar las que le habían prestado para entrar... ¡ay, con lo bueno que estaba el tío de la película!
Por la mañana nos levantamos todos menos Margui, que estaba la pobre hecha un guiñapo después de haberse acostado a las mil... La familia de Noe, junto con unos amigos, tiene la costumbre de subirse todos los domingos a la sierra a hacer una barbacoa o a tomarse una paella en familia. Nos invitaron y estoy muy agradecida y encantada por ello... Allí conocimos al resto de la pandilla, entre los que voy a destacar a Manuel, cocinero, que nos hizo un arroz con marisco para chuparse los dedos (me tomé dos inmensos platazos) y también a Francis y a Elo, una pareja de treintañeros muy simpáticos y graciosos.

Lo cierto es que fue como si me hubiese juntado con toda mi familia. Me sentí una más desde el principio, integrada y apreciada, y así se lo hice saber a todos poniendo mi casa a su disposición para cuando quiera que les apeteciese venir a Madrid. Y lo dije de verdad y lo sigo manteniendo. Ojalá encuentren unos días para venir a estar con nosotros y nos permitan disfrutar de nuevo de su grata compañía.

Cuando ya estábamos comiendo Noe y David tuvieron que dejar su arroz en suspenso para ir a recoger a Margui, que ya estaba levantada y arreglada, con lo que se les enfrió la comida... la pena fue que a Margui lo de comer no le va mucho y, entre que andaba con la resaca de la falta de sueño y las verduritas y demás repartidas por medio del arroz, la pobre apenas comió.

Después todos los "jóvenes" nos fuimos a tomar un café a un restaurante que hay en "Los Tres Juanes". Es una ermita que hay en lo alto de un cerro (menos mal que no había que ir andando) junto a la que también hay una especie de parque de pájaros, entre los que hay incluso pavos reales y avestruces, y la vista desde allí arriba es una maravilla. Elo me contó que el nombre del lugar se debe a que hace bastantes años, tres señores que se llamaban Juan, iniciaron la construcción de la ermita, subiendo las piedras de una en una... nunca vieron su obra terminada, pero cuando el municipio por fin la finalizó, le puso ese nombre como homenaje a los "tres juanes" que la habían comenzado.

Y tras ésta experiencia serrana ¡volvimos a Madrid! Nosotros en el coche con Margui y los otros tres en el de Noe (que por cierto empezó a hacer cosas raras cuando estábamos a medio camino?
En fin... lo mejor, ya os lo he dicho: la familia de Noelia que es una maravilla.

Lo peor... ¿es que no os habéis leído todo el post?